La Pequeña ciudad de P.

La Pequeña ciudad de P.

domingo, 30 de octubre de 2016

Las punki pumpkins de Yayoi Kusama

Halloween, Samaín, el Día de los muertos mexicano... díganlo como quieran, pero hagan lo que hagan pónganle una calabaza. Es fiesta y las reglas son las reglas: calaveritas y calabazas. Aquí ya hemos visto cómo Ed Emberley las pinta en un plisplás y, aunque admiramos sobremanera las calaveras, esqueletos y calabazas del maestro grabador José Guadalupe Plata, hay unas calabazas que superan a todas las anteriormente citadas, las de la artista japonesa Yayoi Kusama.

Lo de las calabazas le viene a Yayoi de su infancia. Una vez se encontró con una pequeña calabaza que brotó en su huerto. Como era tan pequeña y distinta al resto de las cosas, Yayoi decidió pasarse a verla y hablarle regularmente, algo que además de ayudar a crecer a la calabaza, inspiró tanto a Yayoi que decidió dedicarles un hueco de su arte para el resto de sus días.

Aquí algunas de ellas. Disfruten del volumen, la forma y el color, esto es algo más que una fiesta, es un fiestón.


Yayoi Kusama

Yayoi Kusama

Yayoi Kusama

Yayoi Kusama

Yayoi Kusama

Yayoi Kusama

Yayoi Kusama

Yayoi Kusama

Yayoi Kusama

Yayoi Kusama

Yayoi Kusama

A partir de esta primera calabaza de niñez, el mundo de Yayoi- perturbador, inquietante, propio de una persona con dolencias mentales- se torna en arte al tratar de encontrar una vía de escape para abandonar su prisión mental. La japonesa comienza entonces a dibujar para mantener su mente alejada del dolor; centrándose en el estudio de la forma; observa minuciosamente fascinada por el volumen y el color de las calabazas. Fíjense en lo que decía en su autobiografía:

“I would confront the spirit of the pumpkin, forgetting everything else and concentrating my mind entirely on the form before me… I spent as much as a month facing a single pumpkin.”

Trazadas desde el cénit como una auténtica bóveda de crucería, las calabazas de Yayoi dejan caer sus gajos como nervaduras. Algunas tienen tal movimiento que simulan ser grandes tentáculos de pulpo, mientras otras, más finas, son rabos de lagartija; cuando se curvan, se agitan suavemente como las caderas de las bailarinas de hula. En definitiva, texturas: topos, lunares, círculos, etc su bendita "infinita obsesión".

La calabaza es a Kusama lo que la piscina a Hockney o la lata de Campbell a Warhol, una seña de identidad con la que la artista japonesa se ha dado a conocer a lo largo y ancho del planeta. Están por todas partes: galerías, esculturas urbanas, cuadros, artículos de moda y libros; algunas de las que ven en el post pueden encontrarlas en el Alice's adventures in wonderland que Penguin publicó en 2012 con sus ilustraciones.

Y hasta aquí la calabazada propia de las fechas. Disfruten de un día de fiesta pagana.


Más calabazas en:


1 comentario:

  1. Efecto moiré, eficaz para las noches de noviembre.
    Salud
    Francesc Cornadó

    ResponderEliminar

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...