La Pequeña ciudad de P.

La Pequeña ciudad de P.

martes, 8 de diciembre de 2015

Un petisco de Pessoa

Este librito es un petisco (un bocado delicioso para los portugueses y los amantes de el país vecino) y su narración textual y visual es como un paseíto por el Chiado agarrados del brazo de alguien a quien quieren. Es un libro de azul atlántico, el de las enormes olas del cabo San Vicente y su paté de sardinas. Es un libro con pajarita y gafas de miope; un libro sobre Pessoa y para Pessoa, del que hace solo unos días se ha celebrado el 80 aniversario de su muerte y al que todavía se le extraña más allá de las calles de Lisboa.

Pessoa, gafas y pajarita. Jesús Marchamalo; il. Antonio Santos. Madrid: Nórdica, 2015

A Fernando le gustaba la música y por supuesto, le gustaban los libros. Su madre escribía versos y su padre era crítico musical; también vivía en casa la abuela Dionísia que estaba como una regadera y lo miraba con ojos raros. Era un nene solitario, aunque para eso contó con la inestimable presencia de su amigo imaginario Chevalier, al que escribía cartas; pero este solo fue el primero de la pandilla imaginaria, después llegaron Alberto Cairo, Ricardo Reís o Álvaro de Campos.


Pessoa, gafas y pajarita.
Jesús Marchamalo; il. Antonio Santos.
Madrid: Nórdica, 2015

Pessoa, gafas y pajarita. Jesús Marchamalo; il. Antonio Santos. Madrid: Nórdica, 2015

Vivió durante años en África y finalmente la abuela taradita, que estaba más cuerda de lo que parecía, dejó su herencia a Fernando, que invierte el dinero en comprarse una pequeña imprenta: Empresa Íbis. Tipografía Editora. Oficinas a Vapor. Allí se encontró una vieja Minerva con la que soñaba embarcarse en enormes proyectos comerciales ¿han oído hablar de su eslogan para Coca Cola? Marchamalo dice que "posiblemente" fue el peor de la historia de la publicidad, y no le falta razón, pero sacado de contexto y época y conociendo la cabeza de la que salió, no es sino otra de las grandes genialidades literarias de Pessoa. Años más tarde volvería a retomar la tentativa de empresario con la editorial Olisipo.

Pessoa, gafas y pajarita. Jesús Marchamalo; il. Antonio Santos. Madrid: Nórdica, 2015

Don Fernando decía: "El amor es bueno, pero es mejor el sueño", y es porque el primero no le dio grandes alegrías. Su amor platónico y epistolar fue Ophélia a la que hacia reír con aquellos besos de cosquillas con bigote. Se quisieron mucho, pero como dos niños.


Pessoa, gafas y pajarita. Jesús Marchamalo; il. Antonio Santos. Madrid: Nórdica, 2015

El alcohol y la soledad fueron compañeros inseparables de los días de Pessoa. Vivir sin pareja y la muerte de su madre le condujeron al aislamiento. Escribía sin cesar y guardaba todos sus legajos en un viejo baúl, un arcón ámbar, del mismo color que sus dedos teñidos por la nicotina; Pessoa y el tabaco o cómo extraviar las colillas entre los engranajes de una máquina de escribir.

Dijo adiós un 30 de noviembre de 1935 en el Hospital de São Luís dos Franceses de Lisboa. Tenía 47 años y el hígado hecho trizas. Murió recién afeitado, sin la pajarita torcida y pidiendo que alguien le acercara sus gafas- esas fueron sus últimas palabras-. Siete años después de su muerte, sus amigos abrieron el baúl y ordenaron y comenzaron a editar su obra.



Pessoa, gafas y pajarita. Jesús Marchamalo; il. Antonio Santos. Madrid: Nórdica, 2015

Marchamado, autor de esta pieza homenaje, consigue con su narración evocar al lector los mismos ambientes y sensaciones de las calles grises y húmedas de Portugal que tan bien retrataba Pessoa en El año de la muerte de Fernando Reis, Antonio Tabucchi en La cabeza perdida de Damasceno Monteiro o Amália en su Rua do Capelão. Tiene una gran destreza para hacer perder peso a la soledad, algo que consigue hilando anécdotas, palabras divertidas y sueños de vanguardista que nos hacen olvidar la tristeza en la que vivió inmerso él y todos sus heterónimos. 

Antonio Santos, una vez más, hace bailar sus fabulosas composiciones (grabados) al ritmo de su pareja literaria, Jesús Marchamalo. El equipo viene trabajando a la par desde que iniciaron la colaboración con La Vanguardia en la que Jesús escribía y Antonio ponía cara al protagonista. Juntos fueron los responsables de una estupenda colección de escritos llamados Historias privadas de libros y autores, en los que el escultor y pintor oscense retrató a Joyce, Nabokov, Pessoa, Woolf, o Blixen entre otros.

Pessoa fue un adelantado a su época, un tipo de espíritu inquieto y juguetón que tenía tiempo para cosas tan diversas como escribir canciones non-sense para niños, admirar al tarado de Aleister Crowley, o convertirse en publicista para implantar coca cola en su país. Así de divertido y particular es como me gusta recordar a Pessoa, tramando algo mientras disfruta de un piscolabis en La Brasileira, en su lugar de siempre, donde nos recibirá estupendamente ataviado con su pajarita y gafas de miope.

Para que no les quede duda alguna, me despido con unos versos suyos publicados en Tren de cuerda, líneas de un poema llamado Libertad en el que deja constancia de su amor por los libros. No se lo pierdan.


¡Ay qué placer
no cumplir un deber,
tener un libro que leer
y no lo hacer!
...

Además de esto
sólo está Jesucristo
que no sabía nada de finanzas
ni consta que tuviera biblioteca


Más Pessoa y otras hierbas de Lisboa en :


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