La Pequeña ciudad de P.

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sábado, 4 de octubre de 2014

Wolf Erlbruch: a la sombra del topo

Y así han pasado 25 años, un cuarto de siglo de topo preocupado por "aquello que había aparecido en su cabeza", algo que también ha tenido rondando su cabeza el ilustrador de Wuppertal.

Wolf Erlbruch

En 1989 veía la luz el libro Vom kleinen Maulwurf, der wissen wollte, wer ihm auf den Kopf gemacht hat (El topo que quería saber quién se había hecho aquello en su cabeza) un álbum con texto de Werner Holzwarth e ilustraciones de Wolf Erlbruch, un joven publicista que había hecho ya su primera tentativa LIJ sólo 4 años antes con el libro El águila que no quería volar junto al autor James Aggrey.

Sus dibujos eran frescos, desprendían crítica y humor a partes iguales, narraban cosas aparentemente normales, pero que habitualmente no aparecían en los libros infantiles. Sus personajes eran afables, inteligentes, un poco miopes (siempre llevan gafas de pasta redonda a lo papá Erlbruch) y explicaban a los niños cosas complejas de manera muy sencilla, como la muerte, una constante en la obra del ilustrador.

A principios de los 90 Erlbruch se decantó por la ilustración de libros infantiles, dejando atrás su carrera en el mundo del diseño gráfico y la publi. A partir de ahí los galardones fueron llegando: Bolonia, el Hans Christian Andersen (El jurado determinó en 2006 que Wolf Erlbruch era un autor "siempre juguetón, jovial y filosófico"), o el Premio Alemán de Literatura Juvenil a toda su carrera.

Y a lo largo de esa carrera nos ha regalado joyas como El pato y la muerte, La gran pregunta, Leonardo (un álbum sobre y para su hijo), Les cinq affreux o La señora Meier y el mirlo, libros que a pesar de tratar temas complejos como el duelo, la discriminación, la soledad, etc son recibidos por los lectores con una sonrisa en el rostro. Erlbruch es un gran discípulo de Sendak en lo que a la creación de "libros salvajes" se refiere.


Pero tras esta pequeña semblanza del ilustrador, pasemos al libro que nos ocupa, el que este finalizado septiembre cumplió ¡ni más ni menos que 25 años!, un cuarto de siglo en el que el protagonista "el topo..." ha recorrido el planeta y ha hecho las delicias de los más pequeños gracias a su trasfondo escatológico (a quién no le hace gracia hablar del tándem caca-culo-pedo-pis?). El topo se ha publicado en 25 países y ha sido traducido a más de 21 idiomas ¿Quieres saber cómo lo ven los lectores de otros países? algunas de las cubiertas en otras lenguas


Edición en Alemán de Hammer Verlag

Edición en árabe

Edición en catalán

Edición coreana

Edición francesa

Edición inglesa del 25 aniversario

Edición americana

Edición en italiano

Edición portugués

Edición turca

Edición en gallego

El topo... sigue siendo 25 años después una historia sencilla de personajes simples y tranquilos, nada de heroicidades y superhéroes, sino más bien de pequeños detalles, de humor y acciones que conmueven al lector. Da igual que le pongan música, que lo animen con ingeniería de papel o que el formato sea vertical/ horizontal, El topo que .... será siempre el mismo, el favorito de niños y padres para leer, reír y disfrutar. ¡Por otros 25!


Más topos que no saben:

3 comentarios:

  1. Yo las ensaimadas me las como. Nunca se me ha ocurrido ponérmelas en la cabeza, además, dada mi calvicie inveterada, tampoco conseguiría mantener el equilibrio de la ensaimada.
    Salud
    Francesc Cornadó

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  2. Bien cierto es que hay ensaimadas que han sido horneadas para ponérselas de sombrero al pastelero, pero me temo que esta "ensaimada" no es una de esas.

    Si quieres saber la procedencia de la "ensaimada" deberás preguntarle a Hermenegildo, el perro del carnicero.

    Salud y ensaimadas!!

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  3. Ah, por lo que veo y lo que me dices no se trata de una ensaimada sinó de una mierda. Bien pues tampoco se me ocurre ponerme una mierda en la cabeza. Es poco frecuente que la gente lleve una mierda encima de la cabeza, sin embargo ocurre muy a menudo que la mierda la llevan dentro de la cabeza y no encima.
    Salud

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