La Pequeña ciudad de P.

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martes, 1 de enero de 2013

Chris Haughton's hound dog

You ain't nothin but a hound dog 
Cryin all the time. 
You ain't nothin but a hound dog 
Cryin all the time. 
Well, you aint never caught a rabbit 
And you ain't no friend of mine.

Hound dog. Elvis Presley


Oh no, George!. Chris Haughton. London: Walker Books, 2012

Queridos amigos, en estas fechas es habitual encontrarse listas y listas -de listas y listos- que apuntan a un selecto grupo de libros, como aquellos que hicieron historia a lo largo del año que damos por finalizado. Son listas discutibles, en ocasiones poco objetivas, es más, a veces injustas con el panorama editorial que nos muestran (dejando atrás grandes títulos de pequeños editores).

El otro día leía un comentario añadido por un lector de prensa- que casualmente publicaba su lista de los Top LIJ de 2012- en el que decía: ¿Por qué se pide opinión a un librero para hacer esta selección? puesto que el librero quiere vender y no es objetivo...Pues tengo una respuesta para ese "lector incómodo" con la presencia del librero en la cadena de prescripción: Porque el librero es un mediador, es el que se comunica directamente con el lector/ el cliente, el que sabe de sus gustos y el que puede ofrecer soluciones a sus vacíos de lectura. Pues al hilo de esto, quiero defender la labor de prescripción de los libreros y para ello me serviré de uno de los libros del año, Oh no George! de Chris Haughton.

Este último mes habré visto alrededor de 9084739458698723465 listas de lo mejor de la LIJ del 2012 en nuestro país y Oh no, George! (Oh no Lucas!, Oh no Charlie! en sus respectivas traducciones al español y catalán) no estaba entre los agasajados, pero ¿por qué?. El primer álbum de Chris Haughton ha sido traducido a 14 lenguas y este de momento ya está disponible en inglés, francés, alemán, castellano, catalán y las que están por llegar.

A favor del álbum del ilustrador irlandés diré que los únicos que han reparado en este libro, han sido libreros y algún que otro bloguero, no prensa ni instituciones. Para ellos y para el "lector incómodo" tengo una mala noticia: ¡Se lo están perdiendo!, primero: porque no "vale más" aquello que ocupa más en una mesa de novedades ni aquello que aparece empapelando el autobús urbano, y segundo: porque cuando tantos lectores leen lo mismo a lo largo y ancho del planeta, significa algo más que "la venta de derechos ha ido bien", o que "la distribución es efectiva", también significa que muchos libreros que han leído el libro y han disfrutado de él, han sido capaces de transmitir su entusiasmo a muchos lectores, que a su vez han desencadenado un boca a boca et voilà, un nuevo clásico LIJ.

Soy consciente de que el oficio de librero en ocasiones se confunde con el de vendedor o reponedor de libros; esto es una realidad, pero gente sin vocación, existe en todos los oficios. Cuando hablo de libreros con capacidad de prescripción, me refiero a todos aquellos que hacen correctamente su trabajo: conociendo el fondo de su librería, los catálogos de las editoriales, las necesidades lectoras de sus clientes, etc. Esos son los libreros a los que me refiero.

Y una vez matizado el tópico del panorama editorial en navidad, pasemos al libro, mucho más interesante y divertido que estas tribulaciones.

Con todos vosotros, ¡George!


Oh no, George!. Chris Haughton. London: Walker Books, 2012

George es un perro, no es de caza como el de la canción de Elvis, es de casa; hace lo que le gusta: se pone panza arriba, hace túneles en la tierra, corre como un poseso tras los gatos, se zampa la basura y mil cosas más que cualquiera que conviva con un perro podrá corroborar. George, puro hedonismo, tiene buenas intenciones: "I'll be very good", una sentencia tan rigurosa como la del humano cuando dice que al empezar el año se apuntará al gimnasio. Pues eso...

Oh no, George!. Chris Haughton. London: Walker Books, 2012

Oh no, George!. Chris Haughton. London: Walker Books, 2012

Oh no, George!. Chris Haughton. London: Walker Books, 2012

Pese a la promesa de George, la cosa se desmadra en el momento que Harris cierra la puerta y se va de casa. Es el momento de las carreras, las mesas caídas, las tartas devoradas o la tierra voladora, es el momento en el que Harris no debería abrir la puerta, pero ¡Zas!, mete la llave y oh, ohh...¿qué has hecho George?. Todos aquellos que tengan un George en casa, saben de sobra que es un momento terrible, en el que debes luchar contra ti mismo y contra esa mirada tierna para no poner a tu George de patitas en la calle.

Como siempre, estos juegos acaban en lágrimas- que dirían los padres-.


Oh no, George!. Chris Haughton. London: Walker Books, 2012

George es una historia divertida, real como la vida misma, tanto, que habla de nosotros y nuestros desafíos en la convivencia. El desenlace es un pequeña muestra de como la paciencia es más eficaz que la disciplina férrea o cómo la confianza y el apoyo mútuo son imprescindibles en el desarrollo de perros y personas, por supuesto.

Tanto el texto como las ilustraciones son obra de Chris Haughton, un ilustrador irlandés con residencia en Londres (últimamente en Katmandú, a dónde ha llevado el Pecha Kucha), que habitualmente trabaja de diseñador editorial para revistas como The Guardian. Su primer libro A bit lost, se tradujo a 14 lenguas y recibió 9 premios internacionales

El estilo retro, los colores brillantes, la página en blanco para la reflexión- en ella los elementos y el personaje se disponen de manera geométrica, de arriba a abajo, funcionando como un zoom que nos aproxima a la catástrofe ¿lo hago o no debería hacerlo? sí, lo hago y, como consecuencia, una doble página para ver de cerca los desastres provocados por el perro. Así es la gráfica de Oh no George!, un juego de tintas que atrapa tu atención y un texto que invita a la carcajada. Un álbum realmente divertido y bien concebido.




Las tintas de este álbum cautivaron al duende navideño que me regaló el libro, solo con ver las guardas supo que el libro merecía algo más que una ojeada, y ahí estaba la portada, con el big George "haciendo una panza"; ese libro ya tenía una candidata perfecta, alguien a quien le fascinan los perros, las guardas y las panzas.

Y después de todo esto, me voy con mi George a dar un paseíto. Disfruten ustedes de las lecturas del año, pero si pueden, hagan lecturas de libros atemporales, de historias que perduren en su memoria un año tras otro.


Más George:

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