La Pequeña ciudad de P.

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sábado, 4 de junio de 2011

Yes, sir...

Pirata Pata de Lata. Oli; il. Ramón Trigo. Kalandraka, 2009


"Sólo había una forma de abandonar el barco. Hacerlo al estilo de los gladiadores. Darse de baja en los acantilados y que los peces te extendieran la licencia. Si conseguías llegar a la costa, la gente con la que te encontraras no te iba a arrojar de nuevo al mar. Eras un náufrago y eso despierta la compasión de cualquiera, especialmente de quienes viven en zonas costeras. Con los muertos no hay piedad; con los náufragos la cosa cambia."


Bruno Traven. La nave de los muertos
Acantilado, 2009


Este es un fragmento de uno de mis libros favoritos, de mis autores favoritos, La nave de los muertos de Bruno Traven, un escritor, periodista, fotógrafo y viajero incansable del que no se sabe con exactitud su procedencia, pero que recaló en México en 1924 y permaneció allí hasta 1969, año en que falleció.

La nave de los muertos es una de esas grandes aventuras románticas, en las que no faltan la épica, la crítica social y mil y una desventuras que ningún humano sería capaz de imaginar que fuese posible soportar, sino a través de las páginas  de una novela.

Leer a Traven es volver a las grandes historias: A Huckelberry, a Moby Dick de Melville, a la Isla de Stevenson o a las Tinieblas de Conrad, lecturas que se quedan en nuestro acervo y ya no vuelven a salir, como en el Yorikke, el barco de los muertos en el que el protagonista se embarca como única opción a una miseria social que se extiende a lo largo de todo el planeta.

Por muy peliculero que parezca, Traven vivió al margen de la ley como Gerard Gales el protagonista de esta novela, puesto que en Alemania, dónde se le conocía como Ret Marut se le acusó de anarquista lo cual le hizo volar hacia otro paradero no menos revolucionario, México. Entre las pocas cosas que se conocen del autor, se sabe que en su periplo maxicano se rodeó de otros artistas de renombre como la Modotti, Frida y Diego Rivera o Siqueiros.

Se casó con Rosa Elena Luján, que fue además de su compañera la traductora de sus obras. Por último, B. Traven parió una obra que inspiró a los más cinéfilos, El tesoro de Sierra Madre, que en 1948 llevó al cine John Houston de la mano de Humphrey Bogart.

En 1969 falleció y sus cenizas fueron esparcidas en un río de la selva de Chiapas, aquella que tanto le inspiró y le cedió un lugar en el mundo.

La primera vez que Traven se publicó en nuestro país, corrían los 70 y fue Círculo quien comenzó publicando Puente en la Selva y un par de años después El barco de la muerte. Hace más de diez años Jaume Vallcorba, editor de Acantilado y Quaderns Crema, viajó a México para conseguir los derechos de alguna de sus obras. Una vez allí contactó con Mª Eugenia Montes de Oca- hija de la Luján-, la cual le mostró escritos, cuadernos, la máquina de escribir que tenía mientras vivió en la selva de Chiapas o sus viejas botas.

Yas, sir...


Fuente: 
  • El País. 25 abril de 2009. Bruno Traven: El misterio del escritor invisible.
  • Traven, B. La nave de los muertos; trad. Roberto Bravo de la Varga. Barcelona: Acantilado, 2009

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