La Pequeña ciudad de P.

La Pequeña ciudad de P.

martes, 24 de mayo de 2016

Los carteles de Shigeo Fukuda

Shigeo Fukuda. Poster for children’s clothing made by Nippon Rayon Co. Ltd.
Graphis Annual 66/67

Shigeo Fukuda nació en Tokio en 1932 era miembro de una familia de fabricantes de juguetes. Orientó sus estudios hacia las artes aplicadas y en 1956 se graduó en la Universidad Nacional de Bellas Artes y Música de Tokio.

Fue un reconocido cartelista del Mid-Century. El reconocimiento le llegó en 1967 cuando una pieza suya fue seleccionada como cartel oficial para la Exposición Universal de Osaka de 1970. Entre la particularidades del versátil artista japonés, está la creación de ilusiones ópticas, técnica que aplica tanto a las imágenes de sus carteles como a sus esculturas.

Su obra ha dado la vuelta al mundo y se le considera uno de los padres del cartelismo. 
Pero sin duda, lo más importante, es que sus diseños transforman ideas complejas en obras asombrosamente sencillas, un don del que gozan solo los maestros grafistas.

Fuente de la imagen:

http://flashbak.com/30-vintage-japan-illustrations-1950s-1970s-40016/


lunes, 16 de mayo de 2016

Y en un despiste el cocodrilo...

En ocasiones el destino, al igual que el cocodrilo, despedaza a sus presas girando violentamente sobre sí mismo. Dicho así, resulta un tanto tétrico para un arranque, pero ustedes ya conocen eso de "la realidad supera la ficción" y habrán visto algún que otro documental de la 2 donde alguien trataba de arrebatar a alguien de las fauces de un cocodrilo. Pues la historia que guarda este cuento no es menos voraz ni cruenta.

No teman, el cocodrilo está controlado.

Acérquense a sus pantallas, comienza la Historia d'un cocodril despistat -Historia de un cocodrilo despistado- de Albert Ràfols-Casamada (colección Contes per Clara, 1).



Historia d'un cocodril despistat. Albert Ràfols-Casamada.
Barcelona: Cocodrils anònims, 2002. Edición facsímil de la original de 1967

Cada 11 de agosto durante la festividad de Santa Clara, Albert Ràfols-Casamada- pintor, poeta y uno de los creadores de la escuela de arte y diseño barcelonesa Eina- escribía y pintaba un cuento para su adorada sobrina Clara. Y así durante casi dos décadas.

El cuento que vemos en el post, un facsímil del de 1967, es un sencillo y brillante acordeón de 5 cuerpos en el que el pintor cuenta a su sobrina la historia de un cocodrilo muy muy distraído. Este, un día se echó a andar y cuando se dio cuenta estaba en medio del desierto. A partir de aquí y con apenas unas cuantas palabras, Ràfols introduce en el cuento el concepto de oasis en forma de botella de Coca Cola, elixir que salvará de la deshidratación al reptil con una especie de moraleja en la que se recomienda a los lectores no salir de casa sin un abridor por aquello de que si se encuentran una botella de cola en el desierto, tengan algo para abrirla.

No dejen de seguir al cocodrilo...


Historia d'un cocodril despistat. Albert Ràfols-Casamada. 
Barcelona: Cocodrils anònims, 2002. Edición facsímil de la original de 1967

Historia d'un cocodril despistat. Albert Ràfols-Casamada. 
Barcelona: Cocodrils anònims, 2002. Edición facsímil de la original de 1967

Historia d'un cocodril despistat. Albert Ràfols-Casamada. 
Barcelona: Cocodrils anònims, 2002. Edición facsímil de la original de 1967

Historia d'un cocodril despistat. Albert Ràfols-Casamada. 
Barcelona: Cocodrils anònims, 2002. Edición facsímil de la original de 1967

Historia d'un cocodril despistat. Albert Ràfols-Casamada. 
Barcelona: Cocodrils anònims, 2002. Edición facsímil de la original de 1967

Historia d'un cocodril despistat. Albert Ràfols-Casamada. 
Barcelona: Cocodrils anònims, 2002.
Edición facsímil de la original de 1967

Albert Ràfols- Casamada se había iniciado en la pintura dentro del movimiento postexpresionista y figurativista, evolucionando constantemente hacia lo abstracto. El dibujo de este proyecto de colección de cuentos infantiles para Clara, es sencillo, con trazo ligero y descuidado en tinta negra, al igual que la caligrafía, que se zambulle en medio de la ilustración sin pautas ni norma alguna. Los personajes son entrañables: el cocodrilo con el pañuelo en la cabeza, la nena con sombrero y coletas, el pájaro que dice Piu Piu, etc

Historia d'un cocodril despistat. Albert Ràfols-Casamada. 
Barcelona: Cocodrils anònims, 2002. Edición facsímil de la original de 1967

Albert Ràfols- Casamada nació en 1923 en Barcelona e inicialmente estudió arquitectura, disciplina que no tardó en abandonar para experimentar en otros campos de las artes plásticas. En 1950 se fue a París gracias a una beca del gobierno francés, donde decidió instalarse junto a su esposa la pintora y grabadora Maria Girona i Benet.

En 1967, tomando como referencia la contribución pedagógica de la Bauhaus, fundó la escuela Eina junto a un selecto grupo de intelectuales, profesores y artistas. Fue profesor y director durante 17 años. Fue Premio Nacional de Artes Plásticas en 2003, Premio Nacional de Artes Visuales de Cataluña además de ser distinguido con la Creu de Sant Jordi y la Legión de Honor francesa o el titulo de académico honorario de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.

El artista creador de Eina, muere en 2009 y su esposa 6 años más tarde. Y hasta aquí el cocodrilo despistado ¿o no? me temo que no, que este es el final de un delicado y entrañable cuento infantil, pero no el final de la historia. El post de hoy, además de traerles una rareza de cuento/libro de artista, trae detrás una historia más despiadada que las filas de dientes del cocodrilo. Y digo despiadada y seguro que me quedo corta. El caso es que tras la muerte del matrimonio Ràfols, la polémica ha perseguido a la pareja y no por motivos artísticos, sino familiares. El año pasado y por vía de apremio, las autoridades representantes de la Biblioteca de Cataluña se personaron en el renovado mercado de Encants Vells de Barcelona para tratar de impedir la desaparición de los fondos pertenecientes a la biblioteca personal del matrimonio de artistas.

El reparto de la herencia, la falta de comunicación entre la administración y las partes de la familia, el mal criterio de tasación al que se sometió la biblioteca (el "tasador" estimó que había demasiados libros de bolsillo y catalogó a la biblioteca como "instrumental" desestimando la adhesión del fondo a la Fundación Eina), bla bla bla, hizo que cientos de manuscritos, bocetos, folletos y otro material bibliográfico acabara esparcido en el suelo de uno de los puestos del mercado. Un comerciante había adquirido todo lo que quedaba en la casa del matrimonio por apenas 2000 euros que pagó a una de las sobrinas, material que durante días estuvo literalmente "tirado" en el mercado de viejo hasta que alguien reparó en ello y lo puso en conocimiento de las autoridades.

Una serie de catastróficas desdichas ha rodeado a la malograda biblioteca de la pareja de artistas, que finalmente se ve que ha sido adquirida por las instituciones culturales catalanas. El despropósito tuvo lugar en agosto del pasado año y unos meses después la BC anunciaba a bombo y platillo la recuperación de los fondos. En cualquier caso, creo que no recuerdo barbaridad de tal calibre en los años que tengo.

Es obvio que la sensibilidad no se hereda; también lo es que los libros no son un "goloso patrimonio", si hay cash por medio. Es doloroso que la gente a la que legas tus recuerdos se deshaga de ellos de la manera más chabacana posible. Pero lo más triste es pensar que esa biblioteca, un acervo de valor incalculable por su singularidad, un pedazo de historia de las artes visuales de nuestro país, cayera en manos de alguien tan desaprensivo, ambicioso y sobre todo tan poco ilustrado, algo que sin duda entristecería y abochornaría sobremanera a sus tíos.

Y en un despiste del cocodrilo, alguien se llevó la biblioteca (quédense tranquilos, la desaprensiva sobrina cocodrilo no fue la pequeña Clara).


domingo, 1 de mayo de 2016

Zig-Zag has grown!

I don't wanna have to shout it out
I don't want my hair to fall out
I don't wanna be filled with doubt
I don't wanna be a good boy scout
I don't wanna have to learn to count
I don't wanna have the biggest amount
I don't wanna grow up
I don't wanna grow up. 
Ramones


Todo lo que empieza con una canción de Ramones acaba bien. Eso es así. Y no, no es que me niegue a crecer, a mí la vida me llegó así de pequeña, yo me niego a hacerme mayor, como bien decían Joey, Johnny, Dee Dee y Marky.

Pero inevitablemente, cuando hablamos de hacerse mayor, pensamos en envejecer, en cómo el paso del tiempo hace mella en nuestros envoltorios. Hablando del paso del tiempo, pronto se cumplirán 4 años de la llegada del primer ¡Oh! ¡Un zig-zag! a la Pequeña Ciudad, aquel fanzine tan salado del ilustre Sr. Ladrillo que nos hablaba de rectas, verticales, horizontales y curvas sinuosas ¿lo recuerdan? ¡cómo olvidarlo! Pues bien, el caso es que se nos ha hecho grande, ¡sí! el fanzine ha crecido para convertirse en un fabuloso álbum que incluye nuevas páginas, nueva encuadernación y sobre todo viene con enormes ganas de colarse en todas las estanterías de los amantes de la ilustración. Hagan sitio entre sus baldas que llega ¡Oh! ¡Un zig-zag!


¡Oh! ¡Un zig-zag!. Antonio Ladrillo. Madrid: Silonia, 2016

¡Oh! ¡Un zig-zag!. Antonio Ladrillo. Madrid: Silonia, 2016


Porque el Zig-Zag de Ladrillo ha crecido en manos de la nueva editorial madrileña Silonia, una casa editorial que hasta el momento ha conjugado en su catálogo obra de ilustradores y artistas contemporáneos junto con la recuperación de clásicos como los del húngaro László Réber o de la americana Dahlov Ipcar.

La editorial apuesta por esta pieza de Ladrillo, como herramienta para introducir a los más pequeños en la forma y el color a través de una aproximación intuitiva a las principales preocupaciones del arte contemporáneo, algo que si duda se hará efectivo en el momento que cualquier lector sostenga entre sus manos este álbum de 21x21 con el que seguro quedarán prendados. Veamos algo más del sinuoso mundo a cinco colores de ¡Oh! ¡Un zig-zag!


¡Oh! ¡Un zig-zag!. Antonio Ladrillo. Madrid: Silonia, 2016

¡Oh! ¡Un zig-zag!. Antonio Ladrillo. Madrid: Silonia, 2016

¡Oh! ¡Un zig-zag!. Antonio Ladrillo. Madrid: Silonia, 2016

¡Oh! ¡Un zig-zag!. Antonio Ladrillo. Madrid: Silonia, 2016

¡Ondular! ¡Ondular! ¡Ondular! eso es lo que da ganas de hacer este libro, convertirse en una de sus líneas llenas de color y ponerse a serpentear por la vida adelante ¿No les apetece? bueno, si son ustedes menos danzarines pueden quedarse en horizontal, descansando. Hay para todos, hasta para los más cotillas, que podrán reunirse para señalar sin disimulo mientras los amantes del riesgo permanecen haciendo equilibrios. Pero da igual lo que les cuente, lo que tienen que hacer es sumarse al viaje de ¡Oh! ¡Un zig-zag! y embarcarse en una estupenda aventura de formas y colores que marcará su ilustrada vida.

Y es que sin duda, estamos ante un año muy ladrillero, ya que acabamos 2015 con el fantástico A wonderful world publicado por Apa Apa, seguimos con el recién comentado Zig-Zag de Silonia y esto no acaba aquí, ya que los italianos Nortari acaban de publicar otro fantástico álbum del alicantino llamado Montagnes. No pierdan de vista a Mr. Brick, porque guarda muchas sorpresas entre sus botes de pintura, sorpresas de color con las que los amantes y apasionados del mundo ilustrado satisfarán sus exquisitos paladares. Mientras tanto, disfrutemos de estas joyas y vitaminicémonos para lo que está por venir.

Lo dicho: que ustedes lo ondulen bien... ¿o lo zigzageen?; da igual, hagan lo que hagan, pongan un Ladrillo en sus vidas.



Todo sobre las líneas inquietas y colores crujientes en:

Feliz Día Internacional del Trabajo

La fera ferotge de Ovidi Montllor por Miguel Pang Ly


Salgan a la calle, háganse oír y reclamen sus derechos como trabajadores. Hoy es un día de lucha por un futuro laboral digno.

¡Salud y feliz Primero de Mayo! 



Fuente imagen:
http://www.miguelpang.com/portfolio/la-fera-ferotge/

lunes, 25 de abril de 2016

Donald Crews de la A a la Z

En los últimos años, la proliferación de escuelas de ilustración así como de editoriales que publican libros ilustrados es una realidad que ha influido de manera notoria en la calidad de los proyectos que llegan a las mesas de novedades. Hay quien habla de sobreproducción; hay quien habla de exceso de ilustración- ¿por qué cualquier historia ha de ser ilustrada?; hay quien estima poco aconsejable publicar hasta el empacho todos los trabajos de determinados dibujantes o por el contrario, hay quien estima poco riguroso publicar "primeros proyectos" de ilustradores recién salidos de escuelas formativas.

Este último grupo es en el que nos pararemos. Supongo que relativizar es más sano que afirmar categóricamente que un ejercicio o proyecto de escuela es simplemente eso, un ejercicio-práctica o proyecto con el que el alumno demuestra ante su profesorado el aprovechamiento que ha hecho del curso. Hasta aquí todo muy obvio, pero ¿qué ocurre cuando esos ejercicios se convierten en libros? así, sin más experiencia, sin más reposo, de repente se publican, porque esto ocurre ¿lo saben, no? También es cierto que en ocasiones hay "alumnos ilustres" a los que el arte les sale por los poros, dando muestras de su aptitud para el dibujo y la narración visual desde el mismo momento que firman la matrícula del curso. En este caso deberíamos hacer la reflexión de ¿cuántos de estos alumnos aventajados pasan por esas escuelas? o ¿este tipo de ilustradores va a las escuelas de ilustración? En cualquier caso, todo esto son observaciones, una reflexión que comparto con ustedes y a la que he llegado después de ver decenas y decenas de libros que además de engrosar la lista del patrimonio bibliográfico anual poco o nada más aportan a la literatura infantil que el mismísimo olvido.

Antes las cosas no eran así; sí, es posible que hubiera intrusismo, poco nivel de exigencia e incluso falta de sentido común (particularidades que por otra parte siguen afectado a la edición actual). Lo que es seguro es que no todo acababa publicándose, y lo que salía a la luz o tenía cierta calidad, o se quedaba en ejercicio. Y con este mantra crecieron los catálogos de las grandes editoriales y de las pequeñas que gracias a esta pulcritud en la selección, hicieron llegar a la vida infantil personajes históricos con los que los niños se han hecho adultos e incluso algunos, además, ilustradores o editores.

Pero ¡pongamos un ejemplo! sí, ilustremos la historia, pero no con el ejemplo de libro publicado y que nunca debería haberlo sido; no, hagámoslo con un ejemplo de trabajo bien hecho, de un proyecto sin pretensiones que llegó a convertirse en un libro fundamental en la década de los 60 en EE.UU. y que a pesar de nacer como un simple portfolio, acabó convirtiéndose en un imprescindible y galardonado libro LIJ. Se trata del abecedario We read A to Z del afroamericano Donald Crews.

Vean, vean.

 Crews, Donald. We read A to Z. NY: Harper & Row, 1967

Donald Crews es un afamado autor americano de libros infantiles. Aunque sus primeros libros datan de finales de los 60, fue en los 80 cuando apareció una serie de libros para primeros lectores sobre el funcionamiento de los transportes los que le valieron el reconocimiento internacional (un par de medallas Caldecott entre otros premios). El autor nació en New Jersey en 1938, y durante su infancia pasaba los veranos en la granja de su abuela Bigmama (protagonista de otro de sus libros) en Florida, algo que sin duda marcó su estilo artístico. Su familia le alentaba a dibujar, veían cualidades en él, algo que no tardó en ver uno de sus profesores de la Cooper Union for the Advancement of Science and Art, su mentor en la escuela de Nueva York en la que se graduó en 1959.

Pero ¿qué ocurrió al abandonar sus estudios de arte? Crews, un diseñador recién graduado y fascinado por referentes del mundo del diseño y las artes como Bruno Munari y Paul Rand, necesitaba una herramienta gráfica que le diera a conocer, una carta de presentación para el mundo de la ilustración con la que poder llegar a clientes y comenzar su andadura profesional. Y se puso manos a la obra. El proyecto se llamó We read A to Z, y era un abecedario de 64 páginas con colores crujientes en el que los pequeños lectores podían aprender el abecedario, la grafía de las mayúsculas y las minúsculas y un sinfín de conceptos más, introducidos en un texto en el que primaba la capacidad de abstracción.

Era tal que así.


 Crews, Donald. We read A to Z. NY: Harper & Row, 1967

 Crews, Donald. We read A to Z. NY: Harper & Row, 1967

 Crews, Donald. We read A to Z. NY: Harper & Row, 1967

 Crews, Donald. We read A to Z. NY: Harper & Row, 1967

Mientras Donald trataba de montar un portfolio, no estaba siendo consciente de que estaba dando vida al que sería el primero de una larga lista de libros infantiles (propios o ilustrados para otros autores) con los que pasaría a los anales de la LIJ. Sus amigos, al ver el trabajo que había hecho, intentaron convencer a Crews de las posibilidades de edición del libro, algo que también hizo el editor de Harper&Row (actual HarperCollins) cuando vio el abecedario. Y así fue, el cuaderno de presentación de Donald Crews se publicó ese mismo año y sirvió de punto de partida para un montón de libros que siguen reeditándose y forman parte del presente de la literatura infantil americana. Su siguiente libro fue Ten Black Dots (que Harper tradujo y publicó en España en 2009). Diez años después recibió el mayor de los galardones posibles en el mundo LIJ americana, la medalla Caldecott para su Freight Train y dos años más tarde, nueva medalla para su libro Trucks.

El We read A to Z de Crews rompió los parámetros de la literatura infantil del momento, no solo porque se alejaba de los clichés de la edición de infantiles e ilustrados, lo hizo por derecho propio, porque hacía pensar a los niños. Leer y avanzar a través de sus páginas de letras, patterns y los escuetos textos que aparecían junto a las letras del alfabeto, invitaba a los niños a buscar respuestas, o a cuestionarse términos, pero lo que sin duda hacía era mantener la curiosidad del lector despierta mientras fijaba conceptos básicos en su memoria sin ser consciente de ello.

Donald Crews había hecho un proyecto de verdad, al que errónea y primeramente llamó portfolio, y que apenas tardó en convertirse en un excelente libro infantil. El autor enseñó a varias generaciones de lectores americanos el funcionamiento de los transportes y otras máquinas mediante sus colores brillantes y sus trazos gruesos. En una segunda etapa de su carrera, Crews dedicó su energía a contar historias más personales, siempre cargadas de compromiso y realidad, como en el caso de Bigmama, la historia de su infancia en compañía de su abuela. Esta segunda etapa se caracterizó por el uso de fotografía y collage en lugar de la ilustración con formas básicas y colores planos (por cierto, ¿les había dicho que se casó con una diseñadora amante de la fotografía? ¿y que su hija también hacía libros infantiles?)

Con esto, y retomando las palabras del principio del post, simplemente me gustaría dejar mi opinión sobre algo que no se enseña- o en lo que no se incide lo suficiente- en las escuelas de ilustración: a hacer autocrítica y ser honesto con uno mismo. Uno sabe que el esfuerzo, por doloroso que sea, siempre deja buen sabor de boca, y que cada día uno ha de levantarse con ganas de aprender (lo que incluye también, aprender de los demás y conocer el mundo que te rodea). Pagar un curso no da derecho a nada, no es garantía ni aval de nada y mucho menos debería ser el pasaporte para colocar a nadie donde no le corresponde (el caso de Donald Crews y su abecedario no responde a la media, que nadie se engañe). Y aprovechando las palabras de alguien que sabe mucho de estas cosas, si son ilustradores y están a punto de enviar uno de estos trabajos a algún editor, recuerden:


"... tengan un poco de paciencia; también les pedimos que tengan un poco de curiosidad, y que investiguen y conozcan mejor esta editorial"

Tras lo dicho, sigan boceteando y por supuesto, sigan leyendo.


Más A y más Z para leer en:

martes, 12 de abril de 2016

¿Media Vaca en Loring? los Libros para mañana aterrizan en Barcelona

En 1977 veía la luz en nuestro país, una colección de libros llamados Libros para Mañana- idea y textos eran de un colectivo llamado Equipo Plantel y las ilustraciones de L.F. Santamaría- compuesta por 4 libros con los que se le explicaban a jóvenes lectores de manera clara y sencilla conceptos políticos. Los títulos de los 4 libros fueron: Hay clases sociales, Las mujeres y los hombres, Cómo puede ser la democracia y Así es la dictadura.

Col. Libros para mañana. Valencia, Media Vaca

Casi 40 años después y gracias a la labor editorial de los valencianos Media Vaca, disfrutamos de nuevo de este pequeño tesoro bibliográfico vestido acorde con los tiempos que corren. Las nuevas pieles salen de los talleres gráficos de Joan Negrescolor, Luci Gutiérrez, Mikel Casal y Marta Pina, responsables de la nueva edición de los 4 libros de la antigua Gaya Ciencia y recién premiados en Bolonia.

Si están en Barcelona o provincia, si están en un retiro espiritual o permanecen ocultos en cualquier madriguera próxima a la ciudad condal, el jueves 14 ¡salgan de sus casas! y vayan a las 19.00 h a Loring Art, donde podrán disfrutar de una tarde entre Libros para mañana con la ilustre compañía de Luci Gutiérrez y Joan Negrescolor. La Pequeña Ciudad de P. participará moderando o agitando a las masas, algo que obviamente, depende de ustedes.

En definitiva, tarde a tutiplén para todos los que gusten de la ilustración, la edición y las librerías. No sé que están haciendo ahora mismo, pero deberían dejarlo y empezar a prepararse para el jueves. Pónganse guapos que allí nos vemos.


Más info en:



*Loring Art. Calle Gravina, 8, 08001 Barcelona


lunes, 4 de abril de 2016

La mesa de Stefan Themerson



Corren tiempos de héroes y heroínas de capa rota. Por ello, si alguien me pregunta acerca de qué superpoderes me gustaría tener o qué me gustaría ser, yo siempre digo: la mesa de Stefan Themerson. No se escandalicen, ser mesa no está tan mal, y menos aún si eres la mesa de los Themerson, la que se escapó al bosque.

Y es que esta mesa se cansó de la vida urbana, principalmente de los humanos, y emprendió una huida hacia los bosques, su hogar, allí donde finalmente fijó sus raíces en la tierra que la había visto nacer.

Así que figúrense, he tenido que ir hasta el bosque para buscar a la mesa y traérsela al blog. Aquí la tienen.


Stefan Themerson. The table that ran away to the woods. London: Tate Publishing, 2012

Stefan Themerson. The table that ran away to the woods. London: Tate Publishing, 2012

Érase una vez un artista polaco llamado Stefan Themerson. Stefan era el esposo de nuestra admirada Franziska- la ilustradora de aquella fantástica Alicia a través del espejo de Media Vaca de la que hablamos hace un par de años- y ambos, dispuestos a que sus hijos conocieran desde pequeños el valor del arte y la ilustración, se embarcaron en la aventura de crear libros infantiles. El proyecto les entusiasmó tanto, que su producción bibliográfica asciende a más de 20 libros infantiles, desarrollados a lo largo de sus diferentes etapas en Polonia, París y Londres.

En la década de los 30 la pareja Themerson fue una de las más importantes referencias en el ámbito de la vanguardia cinematográfica y Stefan, además del cine y libros infantiles que después ilustraba Franziska, dedicaba su tiempo a escribir narrativa- no pierdan de vista La isla de Hobson que publicó en 2012 la editorial madrileña La Automática-.

A pesar de la guerra, de la separación a la que ésta forzó a la pareja y los sinsabores que traía consigo el conflicto que azotaba Europa, las palabras de Stefan y los dibujos de Franziska brillaban con luz propia, y aparecieron en 1940 dentro de la sección infantil de un periódico de expatriados polacos que se publicaba en París y se llamaba Moja Gazeta. Se trataba de una pequeña fábula, aparentemente la rocambolesca historia de una mesa, que escondía una alegoría de la independencia y hablaba a sus lectores sobre la libertad del individuo para poder elegir.


Stefan Themerson. The table that ran away to the woods. London: Tate Publishing, 2012

Stefan Themerson. The table that ran away to the woods. London: Tate Publishing, 2012

Stefan Themerson. The table that ran away to the woods. London: Tate Publishing, 2012

Poco después, y formando parte de un pequeños libro de poemas, Stefan incluyó un linóleo de la fábula; el último es de 1942- probablemente de la época en la que el matrimonio se reencontró en París y que no fue publicado-.

Y ahí se quedó la historia, que, aunque concebida en los años 30, no fue hasta 1963 que se publicó como libro en polaco y hasta 2012 que se tradujo al inglés por la Tate Publishing. El libro cuyas imágenes verán a continuación, es el que corresponde a esta última edición y contiene la fábula aderezada con unos fantásticos collages, así como una excelente nota a la edición firmada por el historiador de arte y amigo personal del matrimonio, Nick Wadley.

Prepárense, nos vamos al monte siguiendo a la mesa. No se despisten, les advierto que tiene un ritmo trepidante.


Stefan Themerson. The table that ran away to the woods. London: Tate Publishing, 2012

Stefan Themerson. The table that ran away to the woods. London: Tate Publishing, 2012

Stefan Themerson. The table that ran away to the woods. London: Tate Publishing, 2012

Stefan Themerson. The table that ran away to the woods. London: Tate Publishing, 2012

Stefan Themerson. The table that ran away to the woods. London: Tate Publishing, 2012

Stefan Themerson. The table that ran away to the woods. London: Tate Publishing, 2012

Stefan Themerson. The table that ran away to the woods. London: Tate Publishing, 2012

La fuga de la mesa comienza con un par de zapatos que le sirven para alejarse del aburrimiento de vida a la que ha sido condenada en una casa, en una ciudad ¡Pies para que os quiero! que diría Frida, huye enloquecida atravesando una carretera, adelantando coches y perdiendo de vista a los edificios hasta que al fin siente la tierra bajos sus pies. Una vez en el bosque, se esconde entre ramas y permanece quieta hasta que se da cuenta de que de sus tablas comienzan a surgir brotes ¡La mesa ha echado raíces! en su tierra, en su entorno, en definitiva, al fin de vuelta en casa.

La tipografía, también corre libre, acompaña a la mesa en todas estas peripecias dando vida a las dobles páginas, añadiendo color y dando más ritmo a las sencillas rimas del texto de Stefan.

The table that ran away to the woods es un canto a la libertad y a la naturaleza, una fábula que no ha perdido significado y que tiene absoluta relevancia en momentos de éxodo como el actual, porque quien dice mesa, dice hombres-mujeres-niños que huyen del horror de la guerra con el único fin de ser libres.

Los Themerson han dejado un legado LIJ de incalculable valor artístico y pedagógico, y su mesa, es solo una pequeña muestra de ello. Así que, a partir de ahora, cuando paseen por la sección de mesas de IKEA, recuerden a Stefan y sonrían. Harán que estas estén un poco más cerca de alcanzar la libertad.

Rotraut Susanne Berner: Hans Christian Andersen 2016



Queridos lectores, me llena de orgullo y satisfacción... ¡Ay, no! volvamos a empezar que esto ha sonado terrible.

Queridos lectores, es un placer anunciarles que la única e irrepetible Rotraut Susanne Berner ha sido galardonada con el premio Hans Christian Andersen a la mejor ilustradora del planeta en la actual edición de la Feria de Bolonia.

Aquí, en la Pequeña Ciudad, esperábamos con impaciencia el momento, porque somos fans absolutos de Rotraut y de su querido Armin, a quien sin duda habrá brindado su premio.

¡Enhorabuena Rotraut!


Más info en:


*** Gracias a la corresponsal Paula Jarrin de la Librería Al·lots por informar en directo a la Pequeña Ciudad ¡eso sí que es una agencia de noticias ilustradas!!


miércoles, 30 de marzo de 2016

1 Lissitzky + 2 Cuadrados= Vanguardia

Cómo les diría yo... ¿el mundo está fatal de los nervios? ¿el tablao está que arde? No sé, dejémoslo en que el planeta se merece un reseteo. Sí, creo que esta última es la sentencia correcta o al menos la más adaptada a los tiempos que corren, porque no vean ustedes cómo está el patio.

Desde tiempos antiguos, existen sobre la tierra seres adelantados a su tiempo comúnmente conocidos como visionarios, que bien por su fantasía exaltada o su facilidad para creer a pies juntillas en asuntos quiméricos, acabaron en la hoguera o muy cerca de ella. El caso es que a algunos de estos iluminados, la historia acabó dándoles la razón, si no, acuérdense de cómo Galileo defendía que la tierra era redonda ¿redonda? ¡já! pues sí, resultó que era redonda y dejó a todos sus detractores con la boca tapada. Otro que vio que el mundo se reducía a formas geométricas simples fue El Lissitzky, máximo exponente de la corriente suprematista rusa del primer tercio del siglo XX iniciada por Kazimir Malévich, y que convencido de ello, en 1922 creó un libro para explicar a los niños que la tierra estaba compuesta por dos cuadrados, y estos podían y debían moverse y reubicarse con el fin de construir un mundo mejor.

¿Insólito? No. Pura vanguardia, y por supuesto supremacía de la sensibilidad pura en el arte, porque ¿qué hay más puro que un cuadrado, un círculo o un triángulo? Pero no nos vayamos por las ramas, porque el dato importante es que en 1922 alguien como El Lissitzky se preocupara por dejar a la infancia las instrucciones necesarias para alcanzar un mundo mejor y sobre todo que lo hiciera con un libro infantil, en clave de arte y con tan solo tres componentes: formas, color y tipografía. Inmenso El Lissitzky.

Pues estimados lectores, esas instrucciones del suprematista han llegado hasta nuestros días ¡y de qué manera! Gracias a la sensibilidad de los editores de la Tate, responsables junto a Les Trois Ourses de una espectacular reedición del clásico infantil de la vanguardia rusa.

Con todos ustedes, About 2 squares, un libro verdaderamente revolucionario, no por ser de El Lissitzky ni por su ilustración, sino por dejar en manos de los niños la definición de un nuevo orden mundial. ¿Quieren conocerlo? Pues allá vamos.


About two squares. El Lissitzky. Londres:Tate, 2014

About two squares. El Lissitzky. Londres:Tate, 2014

Pongámosnos en situación: ¿qué estaba sucediendo en Rusia cuando se concibió este libro? Pues ni más ni menos que Rusia estaba inmersa en plena Revolución de Octubre y una de las repercusiones relevantes de este periodo fue el renacimiento de la literatura infantil.

El objetivo de la nueva literatura infantil era entonces reflejar las transformaciones que experimentaba la sociedad e instruir a los jóvenes lectores en las innovaciones y valores de la nueva realidad soviética con la intención de formar ciudadanos creativos y responsables. Esto quedó patente en el cuento infantil About 2 squares que al margen de la alegoría política que pueda contener, pone de manifiesto la reflexión temprana de El Lissitzky sobre unas nuevas formas de composición tipográfica.

El libro de El Lissitzky narra la historia de cómo dos cuadrados, uno rojo y otro negro, transforman el mundo, una narración visual a la que el propio autor describió como una suerte de "romance científico" y que marcó el comienzo de un nuevo arte gráfico. About two squares, una historia suprematista narrada en apenas 20 páginas, termina con dos palabras cargadas de futuro "and then..." (y luego ...), un desenlace abierto que anima a los futuros jóvenes lectores a reinventar el mundo por sí mismos.


About two squares. El Lissitzky. Londres:Tate, 2014

About two squares. El Lissitzky. Londres:Tate, 2014

About two squares. El Lissitzky. Londres:Tate, 2014

About two squares. El Lissitzky. Londres:Tate, 2014

About two squares es una de esas reediciones hechas con el máximo respeto y cuidado, y esto ocurre gracias al equipo editorial que llevó a cabo el proyecto, entre los que está Odile Belkeddar, una de las cofundadoras de Les Trois Ourses, una organización sin ánimo de lucro creada en 1988 que se centra en la educación artística de los niños poniendo "el libro como centro de todo" y que es responsable de la edición y el cuidado de obras de artistas como Katsumi Komagata, Bruno Munari, Paul Cox (autor del logo de la asociación), Franziska Themerson o Marion Bataille entre otros. Odile que además es traductora, ha sido la encargada de elaborar un fantástico epílogo, impreso en tinta roja que podéis ver a continuación.

About two squares. El Lissitzky. Londres:Tate, 2014

El ejemplar que muestro en el post se basa en uno de los ejemplares de la primera edición rusa, pero ligeramente ampliado y con tapa dura. La encuadernación, deja ver el cosido de los cuadernillos que conforman la tripa, puesto que no va encolado a posteriori a la tapa. Se lo digo así, sin paños calientes, es una joya de libro.

Podría seguir hablándoles de El Lissitzky y no acabar nunca, porque su capacidad para innovar y crear no tenía límites. Hace algo más de un año visité en la sala de exposiciones de La Pedrera una exposición sobre este genio Proun, en la que descubrí el diseño de un automatismo para librerías que me dejó con la boca abierta, por no hablar de la proyección de edificios, sus piezas de branding, etc. Pueden ver imágenes y obtener algo más de info en los enlaces del final del post. Pero a lo que iba, al final, ese momento en el que cierran la tapa y piensan que ya no habrá nada más, en este libro no ocurre, porque justo ahí aparece un mensaje inquietante que reza:

Do not read! Open your eyes and your ears wide, this book is for speaking!. Extend the boundaries of your imagination with About two Squares..."

Tremendo, un despilfarro de arte, creatividad y edición de la buena. Un proyecto editorial del que todos los que nos dedicamos al oficio deberíamos aprender. Recuerden que el libro tiene casi 100 años y piensen detenidamente en qué se editaba entonces para la infancia y qué se hace ahora. Mediten.


No se apuren. Si las imágenes que han visto les han dejado con ganas de más, espero que con esta versión multimedia del cuento sacien su curiosidad y ganas de El Lissitzky. Disfrútenla.




Más El Lissitzky y más cuadrados para cambiar el mundo en:


lunes, 28 de marzo de 2016

De rojo Sempé

Hace unas semanas hablábamos de la nomenclatura del color a propósito de un ilustrado de Dave Eggers ¿recuerdan el "Naranja Internacional" del Golden Gate? ¿y el Marrón Tour Eiffel? sí, claro, cómo olvidar que el rojo no es tan rojo, sino "Naranja Internacional". El caso es que de nuevo toca ponerse rojo, sí, al más puro estilo Marcelín, un pequeño amigo de Sempé que vive sus días de literatura infantil empeñado en ruborizarse.

Y es que en la LIJ, como en la vida, nos cruzamos con personajes particulares, y digo particulares por no decir raritos, que aunque distintos o por momentos extraños, no dejan de ser adorables y tiernos, algo así como una pequeña comunidad de outsiders que a pesar de su aparente aislamiento, son muy próximos al lector. Tal es el caso del anteriormente mencionado Marcelín de Sempé, o también el de La princesa que bostezaba a todas horas de Carmen Gil y Elena Odriozola, por no hablar de Adela de Marjorie Pourchet o El niño gris de Gusti. Como les decía, muy raritos, y si no me creen, díganme si no es extraño, que la joven Adela no salga de casa sin ponerse una bolsa de papel sobre su cabeza o que Marcelín se sonroje sin más ¿no es raro? eso sin mencionar a la princesa que bostezaba sin parar víctima de la apatía o el niño gris que además de lucir un color de piel poco saludable, no podía llorar, ni reír, ni nada de nada. En una palabra: raritos.

Pero ya que estamos, detengámosnos en la patología más preocupante de todas, la del niño sonrojado, el pequeño Marcelín. No se han preguntado ¿por qué se sonroja? no tienen curiosidad por saber qué hace a un pequeño de estas características pasarse el día rojo como un tomate y ni siquiera tener constancia de ello? ¿pero qué hay en el universo que pueda causar tal vergüenza a un chiquillo tan majo como Marcelín? no lo saben ¿no?. Pues van a tener que disculparme, pero ha sido imposible averiguar el diagnóstico de tal rubor y sonrojo. Por si no se hacen a la idea y piensan que esto es ficción, no pierdan de vista las siguientes imágenes.


Sempé. Marcelín. Barcelona: Blackie Little Books, 2016

Sempé. Marcelín. Barcelona: Blackie Little Books, 2016

Sempé. Marcelín. Barcelona: Blackie Little Books, 2016

Marcelín es otro de los hijos de acuarela del gran Sempé. Como él mismo decía, sus personajes no son más que una extensión de sí mismo por lo que para saber cuál es el porqué de los colores de Marcelín, deberíamos cambiar la pregunta que formulamos anteriormente y convertirla en: ¿pero qué hay en el universo que pueda causar tal vergüenza a un chiquillo tan majo como Sempé? (quien dice chiquillo, dice abuelete)

Las acuarelas de Sempé, donde sus personajes apenas hablan- sobre todo lo hacen con imágenes- transmiten al pequeño lector conceptos ricos en matices, y eso ocurre porque el autor construye los personajes a partir de la experiencia del niño, no desde el punto de vista e interpretación del mundo de un adulto, por lo que todo es más cercano a los niños, más sencillo y sobre todo muy natural. Como tantas otras veces, estas imágenes en apariencia tan sencillas, son el fruto de un enorme trabajo de depuración que elimina toda descripción superflua para quedarse con lo realmente importante, lo sencillo, el mensaje directo. De nuevo, al igual que en el mundo de la gráfica, Sempé nos da una clara muestra del menos es más.

Marcelín, una novelita publicada en París por Denoël en 1969, ha sido reeditada recientemente por Blackie Little Books (en sus inicios llegó a España como Marcelín Pavón de manos de Alfaguara a mediados de los 80) con un nuevo diseño de cubierta y un aire fresco que dará la oportunidad de disfrutar de la lectura de esta pieza LIJ a nuevas generaciones de lectores. Y es que las obras del francés siguen estando de absoluta vigencia, son atemporales y siguen desprendiendo la misma ternura, ironía y empatía a los lectores ¿por qué? porque son historias magistralmente construidas. Sempé es un mago de la literatura infantil, porque domina el diálogo sin abusar de la verborrea y controla a la perfección la narración visual con apenas unas cuantas líneas y pequeñas guiños de color.

Pero volviendo a Marcelín ¿creen ustedes que casi 50 años después de su creación este niño sigue colorado? pues siento decírselo, pero me temo que sí. Vean, vean.


Sempé. Marcelín. Barcelona: Blackie Little Books, 2016

Sempé. Marcelín. Barcelona: Blackie Little Books, 2016

Sempé. Marcelín. Barcelona: Blackie Little Books, 2016

¿Por qué Marcelín? ¿por qué? pues no hay manera de saberlo, Marcelín sigue teniendo ese tono de saturación en la cara, como hace 40 años y sigue sin poder ponerle remedio. Esto le convierte en el blanco de todas las miradas, algo especialmente incómodo para un niño tímido, pero también le sirve para acercarse a otras personas, chiquillos como él, tocados por la varita mágica de Sempé y a los que también les pasan cosas; es el caso de Renato, su mejor amigo y el que sin duda podría ser el mejor amigo de todos ustedes, porque Renato al igual que Marcelín son todo corazón.

Marcelín y Renato nos enseñan el verdadero valor de la amistad ¡Achís!, pero de la amistad de la buena, esa amistad con la que nos son necesarias las palabras para decir lo mucho que se disfruta de la compañía, de la confidencia o de la comprensión. ¡Aaaaach! Ambos nos cuentan que cuando la amistad es pura ¡Achiiiiisss!, el tiempo no es un inconveniente, y que los reencuentros son como las reconciliaciones: momentos maravillosos en los que todo vuelve a empezar. Por cierto, ¡Salud Renato!

Entre tanto, Sempé nos traslada a sus particulares atmósferas que van desde las bucólicas imágenes del campo (las briznas de hierba de sus campos se mecen como lo hacen en la fotografía cinematográfica de grandes como John Toll) al bullicio de las grandes ciudades, atiborradas de tráfico, gente, coches... Y es que Sempé tiene una visión cínica pero desenfadada del mundo que le rodea, así como una debilidad por la infancia y por el bullicio de las grandes ciudades: de la verticalidad de Nueva York al puzle de los tejados de París, a Sempé le encanta la arquitectura, la escenografía y las habitaciones repletas de gente al más puro estilo camarote de los Marx. 


Sempé. Marcelín. Barcelona: Blackie Little Books, 2016

Pero no quisiera dejar este pequeño post sin hablar de alguien escondido tras las páginas de este libro, alguien con quien esta redactora que les teclea cayó rendida en una especie de amor a primera vista: Rogelio Babiano, un tipo pequeñito, adorable y muy, muy distraído al que Marcelín le decía constantemente ¡Tú no estás sano Babiano! Y era verdad. Babiano está como una regadera: cambia los nombres a la gente, choca contra las cosas porque no mira por dónde va o se confunde de casa y se mete en la de la vecina. ¡Coff, Coff! es la historia de mi vida.

Dicen que el destino no es una cuestión de azar, pero díganme ustedes si no es un tanto caprichoso. Sempé describía su niñez así: “Mi infancia no fue espectacularmente alegre. Más bien era lúgubre, e incluso un poco trágica” ¿duro no? pues a pesar de todos los sinsabores con los que le castigó la vida en sus primeros años, el destino le otorgó un don literario que lo convirtió en uno de los mejores interlocutores con la infancia, y que le ha permitido encandilar a niños y no tan niños a lo largo de medio siglo (y lo que queda...).

Así que ¡Larga vida a Sempé! y a sus adorables amigos sonrojados, estornudones y despistados, ya que sin ellos, nuestra infancia tampoco hubiese sido la misma. ¡Salud Renato!




Más Sempé & Marcelín en:

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